"Se trataba, al parecer, de una niña. No lo podían decir exactamente, porque iba vestida de un modo muy curioso. Parecía que se llamaba Momo o algo así.
El aspecto externo de Momo ciertamente era un tanto desusado y acaso podía asustar algo a la gente que da mucha importancia al aseo y al orden. Era pequeña y bastante flaca, de modo que ni con la mejor voluntad se podía decir si tenía ocho años sólo o ya tenía doce. Tenía el pelo muy ensortijado, negro, como la pez, y con todo el aspecto de no haberse enfrentado jamás a un peine o unas tijeras. Tenía unos ojos muy grandes, muy hermosos y también negros como la pez y unos pies del mismo color, pues casi siempre iba descalza. Sólo en invierno llevaba zapatos de vez en cuando, pero solían ser diferentes, descabalados, y además le quedaban demasiado grandes. Eso era porque Momo no poseía nada más que lo que encontraba por ahí o lo que le regalaban. “
“Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora.
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.Y nadie lo sabe tan bien, precisamente, como los hombres grises. Nadie sabía apreciar tan bien el valor de una hora, de un minuto, de un segundo de vida, incluso, como ellos. Claro que lo apreciaban a su manera, como las sanguijuelas aprecian la sangre, y así actuaban.”
"En una cestita había panecillos frescos, tostaditos y crujientes, y en otra había miel, que realmente parecía oro líquido. De la jarra, el maestro “Hora” vertió chocolate en las dos tacitas y dijo, con gesto invitador:
—¡Por favor, mi pequeño huésped, sírvete!
Momo no se lo hizo repetir. Hasta entonces nunca había sabido que existiera chocolate que se pudiera beber. También los panecillos untados de mantequilla y miel se contaban entre las cosas más deliciosas de la vida. Y nunca se había encontrado con una miel tan deliciosa como ésta. De ello resulta que, al principio, estaba totalmente ocupada en su desayuno y comía a dos carrillos, sin pensar en otra cosa..."
" —¿Por qué —preguntó— me has hecho buscar por la tortuga?
—Para protegerte de los hombres grises —contestó serio, el maestro “Hora”—.Te están buscando por todas partes y sólo aquí estás a salvo de ellos.
—¿Me quieren hacer daño? —preguntó Momo, asustada.
—Sí, querida —suspiró el maestro “Hora”—, bien se puededecir.
—¿Por qué? —preguntó Momo.
— Te temen —explicó el maestro “Hora”—, porque les has hecho
lo peor que existe para ellos..."
“Y puede ser —trataba de consolarse Momo— que “Casiopea” ya esté de vuelta con el maestro “Hora”. Sí. ¡Ojalá ya no me busque! Sería una suerte, tanto para ella como para mí...
En ese momento, algo tocó con suavidad su pie. Momo se asustó y se agachó lentamente.
¡Ante ella estaba la tortuga! En la oscuridad relucían las
palabras “Ya estoy aquí”.”
“Así que la tortuga había estado buscando todo el tiempo a Momo, aun sabiendo que no la encontraría. Entonces, no habría hecho falta que la buscara. Eso era otro de los enigmas de “Casiopea” que hacía que uno se volviera loco si lo pensaba demasiado tiempo. “
Michael Ende - Momo.
Tinta, lápiz, scáner y Photoshop CS3.99 entradas!
02 febrero 2009
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