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30 junio 2010

Relatos ilustrados o viceversa VII: O algo así.


Sostenía el violín con maestría, y recuerdo que rogó que la disculpásemos por si tocaba con los ojos cerrados. Dijo que así no solo estaba tocando, sino sintiendo.
Me senté en la última fila, sin pensar en la música, pero teniéndola en consideración. Su cabello en espiral hacía juego con la cola del vestido, como un laberinto, seguir su recorrido me llevaba a ninguna parte. Sentí por aquel instrumento de cuerda una terrible envidia.
Se apoyó en la banqueta, pero mantuvo uno de sus pies en contacto con la tarima. Con su mano derecha sacó de las profundidades de su pelo rizado un arco para el violín, con el que pareció apuntarme durante un momento. Empezó a tocar, más bien a abocetar una melodía, aunque los músicos prefieren llamar a este proceso "afinar".

Y aunque yo quería hacer como ella, cerrar los ojos y sentir, no pude dejar de mirar.

30 mayo 2010

Relatos ilustrados o viceversa VI: Los árboles libidinosos.



Un sendero atravesaba el bosque como si de una cicatriz se tratase. Nina siempre recorría aquel camino de regreso a casa. Era el mismo camino, pero al revés, cuando iba a trabajar. Era tarde, el sol se había puesto, y aún quedaba un puñado de kilómetros hasta llegar a su meta. Nada interrumpía sus acompasados pasos, ni siquiera las ganas de descalzarse, ni las ganas de visitar el baño. Pensaba: “Debí haber ido antes de salir de la oficina”

Cuando el sol se puso, y los búhos despertaron, las ganas parecían incontenibles, pero no recordaba que hubiese un cuarto de baño en aquel camino. Recordó las sabias palabras de su abuelo “todo el bosque es un cuarto de baño”. Pero pensó que lo había pensado, cuando en realidad no lo había hecho; era un susurro proveniente de la espesura. Se detuvo, giró noventa grados, se quitó los zapatos de tacón, y se adentró en la arboleda.

Cuando se alejó lo suficiente de la carretera vio a lo lejos lo que parecía un retrete. ¡Un baño en medio del bosque! ¡Qué oportuno! Pero eso no era lo más interesante, en las ramas de un árbol se veía claramente un cartelito que indicaba que el servicio era de señoritas. Había un espejo, y un lavamanos con dispensador de jabón.

-¡Qué suerte!- dijo en voz baja.

-¡Qué suerte! – dijo otra voz poco después.

¿Eco en el bosque? ¿Será posible? - pensó. Se bajó los pantalones. Unas risillas y jadeos acompañaron su íntimo momento. Dedujo que sería el viento. Aunque a esa hora ni una hoja se movía del suelo, y la espesura impedía que cualquier resto de brisa entrase. Se bajó la ropa interior y se sentó en la taza, entonces se oyeron suspiros y resoplidos. Cuando se fueron calmando, hizo fuerzas para evacuar, pero era incapaz, es más, cuanto más fuerza hacía, menos podía, y más fuertes eran los aullidos y silbiditos a su alrededor. El miedo y desconcierto hicieron que no fuera capaz de desahogarse. Parecía que un séquito de hombres viciosos le vigilaba. Se levantó, con cara de pánico, y corrió mientras se subía otra vez los pantalones hasta llegar a la carretera.

-La próxima vez no hagan tanto ruido, coño. Que para una vez que pica… -dijo el árbol que sostenía el cartel con el símbolo.

- Te dije que pusiéramos un baño de hombres, vendrían más. – dijo el árbol que sujetaba el espejo.



10 marzo 2010

Relatos ilustrados V: ¿Cómo era?


Todo era tópico.
La gramola, la luna,
Jazz de fondo. Billie de canción de cuna.
Una luz cenital que marcaba los rasgos de dos.
Incluso las preguntas eran tópicas.
¿Qué hace una chica como tú en un sitio tan peligroso como este?

Esa pregunta podía significar pocas cosas, como que recurría a frases de cine para salpimentar mi insípida labia.
Frases tipo:
"Deja la botella"
"No, Tom, has bebido demasiado. Llamaré a un taxi para que te lleve a casa"
"Te pagaré más"
Tom sabe que en los taxis no le van a servir copas, solo un precio abusivo y algún que otro mareo.
Por eso decide quedarse. Porque algo le dice que debe quedarse. Pero el camarero no le va a servir más, y todo esto no le va a servir de nada.
Llamémoslo alcoholismo.
O amor por la botella, que queda bien como conjunto y suena bien cuando lo pronuncia alguien sabio. Como todo lo que pronuncie alguien sabio.
Pero quizás no era eso.
La pregunta también podría significar que el sitio fuese peligroso.
Y la definición del diccionario de la última palabra de la frase anterior no significaba mucho. Al menos entonces. Parecían John Travolta y Uma Thurman hablando sobre silencios incómodos.
Salieron del lugar nosesabecuántodespués. Y por el mismo lugar por el que entraron. ¿La razón por la que estaban allí? Ya nos la inventaremos.
Un poco con la sensación de dejarse algo, como cuando viajas.
Con nervios, como cuando viajas. Con recuerdos, como cuando viajas.

Lo estoy viendo.
Mi primera película.
Formato panorámico.
Cinta en blanco y negro por exigencias del guión.
Músicos contratados.
Mucho diálogo, poca acción.
Un casting selectivo.
Pocos extras, algunas cámaras, mucho juego de luz.
Fundidos en negro.

Sólo falta el título.


-No has respondido a mi pregunta...¿Cómo era?
-Pensé que preguntabas por mi idea.
-No. Por ella.
-Ah, pues...




Escribo poco. Y sé que muchos de los que entran aquí lo hacen por costumbre, necesidad o desahogo. Diversión también. Hoy creo que ha sido un poco de todo. Sigan con ese noble vicio de la escritura.
Saludos.

26 enero 2010

Relatos ilustrados IV: Crónica de una quimera porcina (por Daniel R.)

Relatos ilustrados, o viceversa; esta vez con relato de Daniel R. del blog Lo contrario de un beso.

El amor, al igual que los excrementos, puede encontrarse en los lugares más insospechados. Yo lo hallé en una salchicha de Frankfurt, cuando trabajaba en una fábrica gris de envasado de salchichas. Para una persona enamoradiza, este hallazgo sería menos raro que para mi, pues una especie de frigidez congénita me ha privado siempre de experimentar las sensaciones secundarias a este sentimiento. Nunca sentí pasión alguna por mi familia. Los perros, los gatos y los niños me parecen seres neutros y aún no ha habido bípedo o cuadrúpedo que me enternezca hasta efectuar secreción sudorípara, salivar o lacrimal alguna. Miro con el mismo fervor las películas románticas y las operaciones de hígado. Beso a las muchachas igual que a mi abuela o un maniquí.
En principio, una salchicha no debería ser una entidad con capacidad para inocular en mi un sentimiento de la importancia del amor, puesto que a priori se trata de un ser inerte de origen porcino, incapaz de confundir la compleja mente humana. Pero en el momento del flechazo, algo hizo que esta salchicha se convirtiera para mi en un ser de un potencial magnético insoportable. Quizá fuera la reverberación de la luz otoñal entrando a través de una persiana de la fábrica lo que le dio un fulgor irresistible, un nimbo etéreo, una apariencia epifánica. Quizá fue que ese día tenía las defensas bajas. En cualquier caso y siendo pragmáticos, lo importante no es cómo sucedió esta situación sino cómo me enfrentaré a ella.
Las dudas se han concentrado en mi desde que la salchicha es mi amor secreto. Mi inexperiencia y la rareza del caso me pueden. Qué debo hacer para interactuar con el objeto amado. ¿Plantarlo en una maceta? ¿Colocarlo en un altar? ¿Frotarme con el? Cómo saciará las necesidades que surgen tras el tacto. Qué será de ella cuando yo muera. Toda esta incertidumbre me causa un enorme desasosiego en un área subcutánea de veinte centímetros alrededor de mi ombligo.
Mientras tanto mis hábitos de vida han cambiado. Me he vuelto ovo lacto vegetariano por respeto a la salchicha. Me he convertido en budista y espiritista, para intentar contactar con su vida anterior. Hace poco estuve pensando que la salchicha en su vida primitiva no era un todo en si mismo, sino solamente una parte de un todo, lo que me hizo experimentar una sensación de absurdo espiritual y una profunda congoja en la garganta, tanta que aun hoy me dan ganas de llorar cuando trago.
Yo hablo con la salchicha, le susurro palabras dulces, le recito poemas de Neruda, le compro verduras en el supermercado, y a veces me parece que se eriza, que la enternezco, que se humedece, que su piel se vuelve más rosada. Pero otras veces parece tan fría, tan seca, tan distante que pienso que igual no me corresponde, que quizá se trate de una salchicha nihilista, deprimida por su escasez de autonomía y sus parcas expectativas vitales o que simplemente no esté enamorada de mi sino de otro. Entonces siento celos, la insulto, me arrepiento, le pido perdón de rodillas y mientras espero por su parte alguna señal de indulgencia a mi arrebato celopático, pienso que la vida es demasiado complicada.


17 septiembre 2009

Cercenar

Pobre muchacha...

Yace inmóvil sobre una fría camilla metálica, y parece estar disfrutando de un plácido sueño.
Sin embargo, eso de disfrutar se le había acabado hace tiempo... unas 24 horas diría, según el estado del cuerpo a simple vista. Tendría alrededor de...25 años . La habían encontrado bastante lejos de la ciudad, en mitad de una carretera comarcal y totalmente desnuda. La causa de la muerte es aún un enigma, pero estaba seguro de que no había sido desangrándose.
Se veía tan joven e inocente.

Era atractiva.

O lo sigue siendo.


- ¿Dónde está la pieza que falta?

(Suena el teléfono)

22 abril 2009

La historia de esta ciudad (Primer contacto)

Adelanto algo sobre el libro en el ando inmerso, con el que estoy bastante contento, en cuanto tenga las 5 primeras páginas con sus respectivas ilustraciones las cuelgo, a modo de capítulos. Aquí dejo algunos bocetos y estudios de personajes.

Quienes conocen esta historia saben de la existencia de una ciudad. Quienes la han visitado han oído leyendas sobre un anciano pintor de grandísima altura. Los que viven en ella le echan de menos, y quizás sea porque mucho tiempo ha pasado desde que aquel colosó pinto a brocha y pincel cada edificio. Quienes convivieron con el gigante hablan sobre él, pero son muy pocos los que lo vieron y menos aún los que lo recuerdan. Ha pasado mucho tiempo desde entonces...
Los habitantes y los colores comparten algo en común, han envejecido con el tiempo. Se dice que, antes de marchar muy lejos, el gigante decidió pintar una última cosa: la Torre Alta.




Torre alta - Boceto en acuarela


¿Coco y Cecé? Boceto en acuarela


Hombre señal indica el camino


Tolón tolón.

23 junio 2008

Ilustraciones relatadas III: Honor y menciona.

Alguien menciona mi nombre. Podría ser cualquier persona que lo conociese, pero fue precisamente ella.

Alcé la vista, y vi como sus ojos estaban sobre mí mucho antes de que yo los abriese. ¿Su cara? Se podría decir que las circunstancias hacían de sus rasgos un collage difícil de descifrar. Se podría decir incluso que su cara era de circunstancias. Dejé que el tedio que me empapaba de arriba a abajo cayera estrepitosamente. Me levanté, preparé mis bártulos y ella revisó su atuendo. Estaba guapa, pero eso no significaba que su indumentaria fuese acorde a mi gusto. Mientras yo me vestía, ella aprovechó para mirarse en el espejo y retocar su delicado decorado facial. Qué guapa se creía, sabía que sus virtudes sobre el escenario no podrían verse empañadas por un defecto de aquella pintura mural que sostenía su cabeza, que bien se conocía.

Después salimos, con la típica mirada de saber que no estamos en el lugar adecuado. Esa mirada más de película que de libro. Subimos al coche, como siempre ella bajó el espejo que descansaba frente a su asiento y continuó con la pertinente manipulación de su lienzo, en este caso, sus ojos. Tiernos e inocentes.

Lo siguiente que sucedió fue previsible, puse la radio mientras ella miraba pensativa el paisaje colindante. Lo sucedido en el trayecto fue irrelevante, hasta que cuando empezaba a avistar el final de aquel viaje un sonido alertó mi calma. Por el retrovisor luces de color azul parpadeaban y sólo podían significar una cosa. Las autoridades pertinentes, en este caso, impertinentes. Paré.

El agente se acercó con parsimonia mientras yo lo observaba por el retrovisor izquierdo. Su andar era lento pero seguro, pesado pero consistente, y temible como ninguno.

El sonido que acompaña a una ventanilla bajándose se vio eclipsado por la pregunta del policía:

-¿Señor, a qué velocidad circulaba?

Miré el velocímetro por primera vez en todo el viaje, pero entonces marcaba cero.

- No lo sé, señor agente.

- Bien, deme los papeles.

Aquellos grotescos encuentros burocráticos me horrorizaban, nunca estaba seguro de llevar encima todos esos documentos acreditativos e indispensables. Miré a mi compañera, ella volvía a mirarme con aquella cara de desesperación con la que me había despertado. Quizá si el agente viese y descifrase aquel rostro me dejase seguir mi precipitado camino.

- Un momento, por favor.

- Vaya, qué princesita más guapa.

La vio, era el momento clave.

- ¿A dónde la llevas, Romeo?

No sé si el tono era simpático o de ese gusto irónico que les suele caracterizar. Y más a las 9:30 de la mañana. Media hora tarde, mi honor empezaba a tambalearse. Empezaba a ver la cara de mi esposa, herida y enfadada. ¿Cómo has podido? ¡Eres un desastre! Hoy era un día importante. Entonces formulé la respuesta de la que casi me había olvidado:

- ¿Que a dónde vamos? Hoy mi hija tiene la función de fin de curso, y llegamos media hora tarde.

- Ah, felicidades jovencita. Por hoy se la perdono, caballero, pero tenga ojito.

- Gracias señor agente, ya sabe los fallos que suelen dar esos despertadores.

Se río y pronunció algo indescifrable mientras se alejaba rumbo a su vehículo. Arranqué y seguí, el colegio no quedaba muy lejos, y por suerte, la lluvia retrasó el evento.

Menos mal.

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26 marzo 2008

Ilustraciones relatadas II: "Lo que espero de la vida es..." (Por Gale)

Hola señores, por fin actualizo ésta interesante sección dónde la prole puede poner su granito de arena. En éste caso, Gale se encarga de darme un fantástico relato con el cual hice una ilustración (que no me entusiasma pero sí que me parece resultona, aunque algo desordenada) No pierdan detalle de cada palabra de Don Gale pues el autor esconde en su ropaje y su acento galego un talento literario envidiable. Desde aquí le felicito, le animo a que me escriba otro y de paso un libro. Sin más, les dejo con el susodicho escrito:

Pongámonos en situación…
Son las cuatro de la madrugada. En la transición entre dos discotecas cruzan una emblemática plaza de la ciudad. Hacia el centro de la plaza, él se encuentra con un amigo y los tres se detienen para saludarlo. En un momento de confusión entre las presentaciones y los pertinentes vaciles etílicos, ella dice algo que provoca una persecución entre risas. Él sale disparado detrás de ella y la alcanza justo a la orilla de la fuente central. Por supuesto, como en toda película romántica de argumento simplón pero rebuscado, es su última noche. Ella se irá y no volverá. Él se quedará y no saldrá. Para colmo, al retorcido guionista se le ocurre que la chica esté a punto de casarse. Con otro, por supuesto, porque esto es una comedia romanticona (apréciese el sufijo peyorativo). Él la agarra por la cintura y, como si de dos expertos en baile de salón se tratara, ella se inclina y se queda suspendida a dos palmos del agua. Lo justo para no mojar el largo cabello liso y rubio que con tanta dedicación estuvo preparando horas antes para esta noche. Para él. Él es esta noche. Para él, ella es esta noche y el mundo –pero aún no lo sabía, porque aún no tenía sentido. Ella ha perdido el equilibrio y se agarra fuertemente a él sin descuidar su elegante postura. No sólo su pelo depende de la firmeza de su compañero de baile; sumergirse en el agua de una fuente en la madrugada de una noche de invierno gallego no sería precisamente la recomendación ni de un amigo ni de un médico. Pero, ¿Cómo iba él a dejar que ella se mojara un ápice?... si iba tan perfecta. Encajaba perfectamente en el perfil de niña mona sencilla y clásica que a él tanto le atraía. Unos vaqueros, una rebeca blanca y una diadema a juego con su camiseta amarilla “como el sol” – decía ella con gesto presumido y jocoso al principio de la noche.
El guionista en su tónica de exagerador comercial se pasó de listo, ¿cómo iban a enamorarse si apenas se conocían? ¡Ah! Pero ahí pecamos los demás de enterados. Ellos no estaban enamorados el uno del otro, estaban enamorados de la situación, de la dificultad, de la prohibición, de la pasión y de la novelería. Él hace el amago de soltarla como muestra del poder que la situación le confiere para ese momento. Ella se asusta, se agarra aún más fuerte a su cintura y suelta una risa nerviosa.
-Sabes lo que tienes debajo, ¿no? –insinúa él en inglés. Como no podía faltar en un guión de estas características, para justificar el hecho de que no vayan a volver a verse nunca más, el guionista rebusca en un mapamundi un lugar alejado de la mano de Dios y del protagonista. Tras una larga deliberación decide que el lugar perfecto es Letonia, un país resultante de la fragmentación de la antigua unión soviética. Allí sólo se habla letón y ruso. La chica es estudiante de intercambio Erasmus y habla un inglés que deja nuestro sistema educativo a la altura del betún. Así mataba dos pájaros de un tiro y justificaba también su pelo rubio y unos intensos ojos azules que si no alumbraban en la oscuridad él no se lo creería porque en ellos se perdía durante sus largas conversaciones y para explicar sus continuas “ausencias” usaba de excusa su “triste inglés español”. Claro que podía entenderla, pero no podía atenderla.
- Sí –contesta tímidamente sin tener ya tan claras las intenciones de su compañero.
- Si no fuera una buena persona me aprovecharía de la situación y… -dice y calla a tiempo para no soltar una verdad fuera de momento y lugar.
- y… ¿que? –pregunta ella sin ánimo de preguntar porque la inocencia de su indumentaria ya no se correspondía con la pérdida de control de ambos.
- y…te besaría –hasta el guionista pierde el mando de la situación.
-Entonces… hazlo. Mientras el guionista se cuelga con una corbata de la lámpara del salón tras tamaña falta de originalidad, ellos se besan a dos palmos del agua. Se congela la imagen, se hace el silencio; traveling con plano contrapicado, fundido en negro y... “Fin”.
Otro romance de película que termina en nada.
Pero, ¿qué digo? Lo más parecido a un guionista que hay en esta historia era un gato enrazado sin collar que buscaba sabe Dios qué en una papelera. Pero hasta el gato parecía puesto ahí en ese momento deliberadamente. Los últimos siete años de mi vida los he pasado intentando adelantar el reloj y siento que en ese momento lo habría parado para siempre. Como bien puso Platón en boca de Sócrates, “el amor es un estado de locura” que roza o, más bien, llega de pleno a la patología, quién sabe si transitoria o no. Y yo en mi estado de locura me muero porque me vuelvas a preguntar qué espero de la vida.
Lo que espero de la vida es…





Y de paso...¿Por qué no visitan su blog?
-Tratado de la Dolce Vita

Un saludo!

21 enero 2008

Ilustraciones relatadas I: Hilos (por Celia)


Desde arriba, todo era manejado por la suspicacia y
maldad de algún hombre, que vivía obsesionado con
matar sonrisas de niño. Sabía que esas eran las más
reales, las que escapan de los labios sin ni siquiera ser
pensadas. El hombre había trazado un plan perfecto,
iba a capturar en su red invisible, todas las sonrisas del
mundo. Así todo se volvería gris como es él, así la alegría
no le amargaría su tristeza. Vivía pendiente de las
catástrofes mundiales, y a cada muerte, su corazón se
hacía más fuerte y reseco. Juntaba los días de lluvia
en su álbum de recuerdos para así recordar las caras
alargadas de la gente cuándo los paraguas se rompían.
Cuándo el agua les calaba hasta los huesos y su corazón
se estremecía.. las muecas de desagrado eran sus favoritas.
Pobre hombre, nunca aprendió a vivir por eso se dedicaba
a malvivir.. nunca nadie le dedicó una sonrisa, por eso las
odiaba con todas sus fuerzas. Pobre, porque nunca sabrá
porque la risa son como miles de cascabeles, al llevar tatuada
la tristeza en su corazón, sólo sabrá de días grises..
Qué lástima, con la infinitud de colores que hay, y lo fácil que
es sonreir mirando el cielo.

A su alrededor el mundo seguirá girando, y quizá alguien
le sonría y así sepa el porqué de la felicidad del mundo.
Pero hasta entonces, odiará con todas sus fuerzas lo que
nunca tuvo.

El relato es de Celia, que tiene un fotolog muy interesante. Le pedí que relatara algo sobre el dibujo pues tiene algo, al escribir, que me encanta. Desde aquí le agradezco su participación.
Y más sobre este dibujo en Wilustración. Un saludo!

17 agosto 2007

Graffiti o Fresco?


Y cuando se preparaba a dar la siguiente pincelada, se percató de que no todo el lienzo era suyo. Aquel fresco, en lugar fresco y seco, se vio interrumpido por la mancha consciente de un gamberro vestido de alinenígena.

Este, usaba sprays a modo de paleta, pinceles, aguarrás, botes etcétera, su boceto era mental y el trazo ágil. Miró atónito a aquel vejestorio de arte conservador (al menos ahora quizás lo es) que no dejaba avanzar a su monstruosa obra.

Ambos se miraron un instante, y la mirada bastó para darse cuenta de que la obra seguiría así. Al fin y al cabo, el otro lado tampoco estaba tan mal.


Un encuentro imposible.